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Mariana y Ana son mujeres totalmente diferentes, la primera es una estudiante en su veintes que dirige su vida improvisando, la segunda es una empresaria en sus cuarentas que tiene cada aspecto de su entorno controlado. Lo único que tienen en común es que dan a luz el mismo día, en el mismo hospital, en el mismo cuarto. Para sus malas suertes, su encuentro no termina ahí, ya que algunos meses después, les informan que sus bebés fueron accidentalmente intercambiadas en el hospital, lo que las forzará a entrar en la vida de la otra.

Hay que llamar a Madre solo hay Dos como lo que es, una telenovela ¿Eso es malo? No, de hecho es uno de sus fuertes. En los últimos años, muchas telenovelas en televisión abierta han batallado por mostrar una cara más progresista, con personajes LGBT+ o perspectiva feminista, lo cual no está mal, sin embargo es claro que su principal objetivo es la publicidad.

Afortunadamente, esta serie no se preocupó por presumir que su historia está plagada de estos elementos, su publicidad no se enfocó en eso, a pesar de que es esencial para transmitir su mensaje. Madre solo hay Dos es un reflexión sobre la maternidad, en un México moderno, en el que la familia nuclear del pasado se desmorona con el paso del tiempo y deja espacio a familias menos ‘convencionales’, las de una sola madre, las de padres que no son pareja, o en las que la madre es la cabeza.

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Así que incluso cuando la historia cae en lugares comunes de la telenovela, siempre busca formas de darle la vuelta, siempre busca otro camino y una buena parte de las veces que lo intenta, lo logra. Es una deconstrucción de la telenovela, su objetivo no es paródico o de tributo, como en Jane the Virgin, serie escrita por Carolina Rivera (creadora de Madre solo hay Dos), o La Casa de las Flores de Manolo Caro. Su objetivo parece ser reformar el género, deshacerse de aquellos elementos que no son adecuados para la época, pero sin perder la esencia melodramática que ya conocemos.

Claro que no todo es perfecto, por más progresista que llegue a ser, a veces denota que aún le quedan ideas anticuadas a los escritores. Fuera de su temática, los diálogos llegan a ser deficientes, la fórmula de los capítulos llega a ser repetitiva y bien pudo ser un poco más corta sin sacrificar ningún punto importante de la trama. Al final sale a flote gracias a las actuaciones de sus protagonistas, tanto Paulina Goto como Ludwika Paleta son excelentes en sus respectivos papeles, aunque es Paleta la que se roba la atención, pues se nota que tiene una mayor experiencia en cuanto a nivelar sus dotes dramáticos y cómicos.

Sí, Madre solo hay dos es una telenovela, pero es la mejor que ha salido en muchísimo tiempo, porque se atreve a ir más allá, a hacer las cosas diferentes y con honestidad. Aquí ya estamos esperando la segunda temporada.

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1 pensamiento sobre “Reseña | ‘Madre solo hay Dos’

  1. Descubrí esta serie por una publicación que vi en https://co.flixboss.com/ y vine a buscar acá a ver si tenían una reseña y después de leerla decidí que la voy a ver, a veces es necesario ver una telenovela en la que no tengas que pensar mucho pero que si te pueda dejar un mensaje. Gracias, que buena reseña!

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