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3 de febrero de 2023

Hay nuevas relaciones y desafíos en puerta para Georgia y Ginny, pero los secretos del pasado siguen acechando y amenazan con destruir su apacible vida en Wellsbury.

Hace ya casi dos años que llegó a Netflix la primera temporada de Ginny y Goergia, todo ese tiempo tuvimos que esperar para saber como iba a continuar la historia luego del tremendo cliffhanger al final. Y ahora que por fin ya lo sabemos, ¿Valió la pena la larga espera?

En la reseña de la primera temporada hablamos de como Ginny y Georgia se sentía como una serie que trataba de ser muchas cosas a la vez, un drama familiar o adolescente, además una especie de neo-noir y además una comedia. Pero estos tonos no coexistían en paz, así que con la segunda temporada aún había esperanza de que se aprendiera de estos errores.

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La trama de la segunda temporada en rasgos generales es puramente suspenso, vemos a Ginny lidiar con el hecho de su madre es una especie de femme fatale y que no sabe que es lo siguiente que podría hacer. En medio de esto, Ginny y otros personajes se encuentran lidiando con los mismos problemas de adolescentes que ya conocemos, pero al contrario de la primera temporada, las sub-tramas se conectan de manera natural, se afectan unas a otras a pesar de que sus elementos son totalmente distintos.

La división de tonos se ve apoyada por la historia misma, en la que vemos a sus protagonistas vivir vidas dobles, una más peligrosa que la otra. La tensión se mantiene presente incluso cuando estamos observando actos banales, hay una sensación de que el peligro siempre está en aumento y estamos a punto de que estas personajes se encuentren en su peor momento.

 

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Y es ahí donde triunfa la segunda temporada, pues por fin se siente que Ginny y Georgia tiene un tono sólido, combina muchos elementos de diferentes géneros, pero nada se siente fuera de lugar. Así que se vuelve difícil describir lo que es Ginny y Georgia lo cual es lo mejor que le pudo haber pasado, pues es señal de que tiene una identidad propia, que la serie por sí misma es casi un género nuevo.

El corazón de esta serie sigue siendo sus protagonistas, Antonia Gentry y Brianne Howey como Ginny y Georgia respectivamente, la primera resalta por la forma en que representa el crecimiento de su personaje, aún con sus rasgos infantiles, pero que de vez en cuando es notable su madurez ya casi de adulta. La segunda es brillante por lo encantadora de su personaje, no importa que diga o haga Georgia, Howey lo entrega con tanta convicción que uno no puede evitar siempre estar de su lado. Si bien al inicio su dinámica es antagónica, pasando casi la mitad de la temporada se vuelve mucho más calurosa y de ahí parten los mejores momentos.

La segunda temporada de Ginny y Georgia es un trabajo mucho más ágil, seguro, que aprendió sus lecciones sobre aquello que le impedía ser un producto concreto y siguió explotando lo que enganchó al público desde el inicio. Claro que no es una serie perfecta, pero al menos es una que en sus prácticamente diez horas de duración siempre te mantiene atento. Una temporada bien lograda, que fácilmente dará pie a una tercera entrega.

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