adplus-dvertising

Una comedia que hace todo, menos hacer reír.

Con su carrera pendiendo de un hilo, una estrella de cine contrata a su doble para que vaya a rehabilitación por ella, sin imaginarse que le iba a gustar tanto el papel.

¿Estamos de acuerdo que el principal objetivo de una película de comedia es hacer reír? Cambio de Papeles no tiene una historia sólida, no tiene sentido y es ridícula. No tiene personajes bien construidos, tampoco tiene un mensaje honesto y positivo que transmitir ni tiene intención de revolucionar la comedia actual. Nada de eso importa en realidad mientras cumpla con su función de hacer reír, pero no lo hace.

El mayor problema de Cambio de Papeles es que en su hora y cuarenta minutos de duración, las risas son escasas, tan pocas que llega un punto en el que parece que estamos viendo un drama muy mal escrito, con situaciones inusuales en las que sus personajes desagradables actúan de maneras erráticas. Puede llegar a sentirse hasta tenebrosa, sin embargo, no por las razones correctas, sino porque el ambiente que debería ser divertido en realidad es seco, plano, aburrido pues.

Solo la directora Jamie Babbitt y el escritor Sam Bain saben cual era su visión de la película, cual era su propósito, haya lo que haya sido, es obvio que no funcionó. A menos que su intención haya sido torturar al público, porque eso lo hacen muy bien.

Ni siquiera Drew Barrymore, que hace un muy buen trabajo interpretando a dos personajes totalmente opuestos, puede salvar a esta película de ser una pérdida de tiempo. Ella es lo único que se rescata, fuera de eso no hay más que casi dos horas de absoluto silencio incómodo. La recomendación es evitarla y seguir buscando en el catálogo de Netflix algo que mínimo cumpla con entretener.

cambiodepapeles3.jpg
Dirección: Jamie Babbitt
Guión: Sam Bain
Elenco: Drew Barrymore, Michael Zegen, T.J Miller, Ellie Kemper, Charlie Barnett, Michelle Buteau & Holland Taylor

Deja un comentario