La miniserie de Manolo Caro es puro estilo y nada más.

En la España de los cincuenta, una pareja le pide a su hijo que venga de México a conocer a su prometida, pero vuelve con un bailarín clásico.

Manolo Caro es uno de los cineastas mexicanos más llamativos de los últimos años, sin embargo, en opinión de su servidor, su trabajo desde la segunda temporada de La Casa de las Flores se ha ido deteriorando, esperaba que con esta miniserie con la que cumplía su sueño de irse a trabajar a España, cambiará de rumbo y nos volviera a entregar otro excelente trabajo, lamentablemente estaba equivocado.

Caro se ha caracterizado por marcar sus películas con estilo, principalmente en el diseño de producción, más allá de sus guiones conmovedores y divertidos, esto fue lo que lo diferencio de otros cineastas, en Alguien Tiene que Morir, queda claro que en este aspecto su trabajo sigue siendo pulcro, con mucha belleza y estilo, pero ese termina siendo su gran problema, es estilo y nada más.

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La historia de la miniserie es clásica, típica, su título indica que podría tratarse de una historia de suspenso, pero no lo es, está muy lejos de tener una trama concisa que cause tensión en lo más mínimo. ¿Entonces es un drama? No exactamente, ni un estudio de personajes, porque estos son blandos y vacíos ¿Entonces que es? Caro utiliza la época en la que sitúa su historia para hablar de temas sociales como la misoginia, el racismo, la homofobia en particular, temas de los que ha hablado en toda su carrera, ni siquiera el cambio de era y país le permite traer algo nuevo a la conversación, ni a su carrera o en general al cine y televisión. Quiere tratar estos temas como si estuviera haciendo la gran revelación histórica, pero no es así, ya lo he visto, ya lo has visto, no tiene nada que aportar.

La miniserie contiene un excelente elenco, muy desperdiciado, Cecilia Suárez, musa de Caro, hace todo para actuar diferente, su material es tan vago que no logra mantenerse constante, como su acento. Alejandro Speitzer e Isaac Hernández, quiero creer que son actores competentes pues nunca los había visto antes, pero es que sus actuaciones son tan malas que me llego a preguntar como consiguieron los papeles principales, aun así creo que esto es más culpa del guión. Del resto, Ernesto Alteiro, Ester Expósito, Carlos Cuevas, Mariola Fuentes y Carmen Maura, son igualmente planas y olvidables.

La última pregunta que Alguien tiene que Morir me dejó fue ¿Por qué miniserie? Con una duración en total de no más de dos horas y media, bien pudo haber sido una película ,un tanto larga, sí, pero es que ni siquiera justifica el por qué de tanta duración. Alguien Tiene que Morir es bonita de ver en la superficie, pero no hay nada en que indagar, una  inaguantablemente pretenciosa y olvidable experiencia.

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