La fragilidad no siempre radica en la batalla del bien contra el mal.

Glass, llegará por fin este 18 de enero a los cines y ya lleva mucho tiempo dando de qué hablar. La tercera película de esta trilogía dirigida por M. Night Shyamalan, donde se encuentran las historias de David Dunn (Bruce Willis), Elijah Price (Samuel L. Jackson) y el personaje con personalidades múltiples David Wendell Crumb (James McAvoy), marca el momento en que los cabos se unen y las diferentes naturalezas se encuentran.

Las dos primeras cintas de la trilogía El Protegido (Unbreakable, 2000) y Fragmentado (Split, 2017) pusieron de por medio toda una línea donde las historias coquetean con lo sobrenatural, con los personajes y habilidades que se podrían encontrar en un cómic. En su momento se habla de héroes y villanos pero en esta película, M. Night Shyamalan deja claro que la trama va más allá del equilibrio a través del bien y el mal.

Con marcadas referencias a la primera película de la trilogía (El Protegido), la nostalgia te embarga y te das cuenta que Glass se siente como la película que esperaste con emoción para el verano… el de hace 19 años. Te da la misma sensación de expectativa que sentiste la primera vez, de alguna manera todo es extrañamente familiar y eso en sí mismo, es toda una experiencia.

La película concede a los espectadores dos cosas a la vez, dos polos opuestos: la familiaridad de los personajes, de sus historias, la tranquilidad de saberse en un lugar conocido pero al mismo tiempo explota la idea de la fragilidad humana, el temido cambio de la normalidad, el ir y venir de las fuerzas que alteran el equilibrio (lo que sea que eso signifique). Entonces uno no puede evitar preguntarse, ¿qué son los superhéroes? ¿De qué están hechos, qué es lo que buscan?

Esta trilogía busca no sólo contar una historia con inicio, desarrollo, clímax y desenlace a lo largo de tres filmes, lo que realmente consigue es comprender el origen de todo porque, incluso las emociones de la audiencia, están ahí, en el inicio. Esta película es más un viaje que una conclusión en sí misma.

Nadie puede negar la increíble interpretación de James McAvoy dando lugar a sus múltiples personalidades y permitiendo que el espectador se familiarice con cada una de elles (a pesar de que comparten un rostro). Por otro lado estan las apariciones de Bruce Willis y Samuel L. Jackson que, por sí mismos, dan carácter a una dicotomía mucho más antigua, que comparte un oscuro pasado del cual todos nosotros fuimos testigos. Estuvimos ahí cuando todo pasó.

En pocas palabras, Glass es una experiencia completa por las historias detrás de cada personaje, las actuaciones, los colores que dan lugar a muchas atmósferas y las tomas que son muy íntimas. Los actores hablan a la cámara, dando la sensación de que el público está involucrado y no hay nada que pueda hacer, de pronto te descubres eligiendo un bando o luchando por tratar de ser imparcial.

Quizá la razón más importante para verla sea que, aunque es el último filme de la serie, ofrece a la audiencia la sensación de que ésto es sólo el inicio de algo mucho más grande y de eso es que se trata esta trilogía a fin de cuentas.

Título original: Glass
Dirección: M. Night Shyamalan
Guion: M. Night Shyamalan
Elenco: James McAvoy, Anya Taylor-Joy, Bruce Willis, Sarah Paulson, Samuel L. Jackson, Spencer Treat Clark & Charlayne Woodard.

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