El cine mexicano ha “experimentado” en los últimos 15 años tratando de encontrarse en el ámbito comercial, buscando la fórmula que le guste al público. Todavía muchos creen que para competir en el mercado, dominado por películas norteamericanas de humor, acción, animación e infantiles de enormes presupuestos, la fórmula es “groserías, drogas, mujeres desnudas y/o sexo” en las historias. Es cierto, eso es parte del mundo “real” del mexicano, pero no es lo único.

Entonces tenemos “Después de Lucía”. Producida por Billy Rovzar, quién ya había trabajado con el director Michel Franco dos años antes, en “Daniel y Ana”, incluso declarando que quiere que este film gane un Oscar, principalmente porque la crítica le ha dado el visto bueno.

La película trata sobre Alejandra (Tessa Ía), una adolescente, y su padre, Roberto (Hernán Mendza), que sufren la reciente muerte de Lucía, la madre y esposa respectivamente. Roberto que queda muy afectado, mientras que Alejandra, también alterada, decide tragarse sus problemas para no “dañar a su papá”.

Y sí, claro, podemos entender que la chica ha quedado afecta y no encaja en la escuela provocando que, deseando ser aceptada, sea capaz de hacer algunas tonterías, pero es realmente una tarada: en una salida a Valle de Bravo, sin adultos, con sus amigos, adolescentes acomodados que no tienen necesidades, beben, se fuman un porro y, en el calor de la fiesta, Alejandra accede a tener relaciones con uno de los chicos, que abiertamente graba con su celular el acto y ella en ningún momento se niega.

Las consecuencias de esto podrían ser muchas, desde enfermedades veneras o embarazo, como en “Kids” (1995), o, como clásico Hollywoodense, que un asesino monstruoso enmascarado los matara. Pero no ocurre nada de eso, lamentablemente.

Aprovechando la moda del “Bullying”, violencia (física o psicológica) en las escuelas, resulta que el video se esparce entre los compañeros de la preparatoria -como ya sabemos que pasa siempre- y todos en su escuela comienzan a amedrentarla. Perdón, para este momento uno pensaría que Alejandra ya a cumplido su cuota de estupidez. Pero no.

Los “amigos”, ya expuestos como un grupo de cretinos que se creen el centro del universo, la acosan y ella se deja, cosa totalmente absurda pues, por sentido de autoconservación o por simple comodidad, es ilógico que una persona se quede en un lugar en el que le hacen daño, más si los acosadores no son seres queridos. Ah, no, la chamaca deja que la hostiguen, permitiendo incluso que la orinen. Lo peor es que no es culpa de los cretinos, sino únicamente de ella, provocando que uno esté de acuerdo en el maltrato que le aplican.

En un cambio extremo de película “realista mexicana” a “Hollywood drama”, Alejandra finge su muerte, provocando que sus acosadores carguen con el castigo y la culpa, así como que su padre, pensando que ella está muerta, mate al muchacho que tuvo relaciones con su hija y, descubrimos, difundió el video.

Sí, acabo de contar el final de la película porque, además de ser increíble inverosímil, no resuelve los problemas, ni del acoso a Alejandra ni los problemas emocionales de los protagonistas.

El film tiene una EXCELENTE producción y muy buenas actuaciones, pero la historia es tonta. Sí, muchos pensarán que “uno hace lo que sea por querer encajar en los grupos” o dirán “tú de seguro nunca sufriste bullying”, pero sí, lo padecí y aprendí a defenderme, física y mentalmente. Claro, cabe recalcar que nunca fui tan idiota para meterme en los problemas tan obvios y grandes como en los que se mete la protagonista.

“Después de Lucía” utiliza el bullying para atraer atención e intenta contar una historia melodramática semi-trágica, sacrificando por completo la inteligencia y sentido común de Alejandra y su padre, además de intentar denunciar la incapacidad del sistema legal para entender el problema.

Por cierto, el bullying, damas y caballeros, no es un fenómeno de ahorita, ni de hace dos décadas, sino un mecanismo natural que ha existido desde el inicio de la vida. Lo podemos ver en las crías de todos los animales, que jugando, se muerden, se atacan, se causan daño para desarrollar las defensas y ataques de la especie y que aprendan a defenderse de peligros mayores.

Quienes no pueden o quieren defenderse son, bajo los conceptos de la naturaleza, débiles y mantenerlos en el grupo sólo arriesga a la manada, gastando la comida, provocando debilidad en la defensa, o manteniendo genes temerosos a la siguiente generación, siendo la mejor opción dejarlos morir.

No creo que la solución del problema actual del bullying sea que las víctimas se mueran; el problema es demasiado complicado para resolverlo aquí, pero, artísticamente, si Alejandra hubiera muerto, sus problemas se hubieran acabado, no como al final que quedan problemas por resolver.

Como hablaba al principio, la industria del cine mexicano se ha buscado con la fórmula de “groserías, drogas y sexo”; ésta película también las incluye y, como muchas de sus predecesoras, falla en contar una historia, ni siquiera digamos “una buena historia”, no, simplemente “una historia”.

Señores, ahórrense la salida. “Después de Lucía” sólo les provocará confusión y coraje.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.