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Desde hace muchos años, muy posiblemente desde 1940, ha habido una crítica a todo aquel que desea realizar un film basado en una historieta, más aún de superhéroes.

Películas y series de cine de la Edad de Oro, de Superman, Batman, Capitán Marvel, Capitán América y otros, variaban en los orígenes, nombres, villanos, métodos… son malabares que realizan los directores, guionistas y empresas para atraer gente que conoce y desconoce a los personajes, para que todos disfruten de una buena película sin necesariamente conocer la historieta. Las famosas “adaptaciones”.

Y es en esos malabares donde hemos visto que los malabaristas fracasan. Trilogías como Spider-Man y los X-Men iniciaron con grandes versiones cinematográficas de títulos icónicos de las historietas, yendo desde lo muy apegado al cómic, como la muerte del tío Ben por un ladronzuelo anónimo, hasta el miedo de Jean Grey por usar sus poderes al máximo.

Había variaciones, claro, detalles que uno dejaba pasar pues en general, el producto era bueno. Había emoción, acción, los rudos eran rudos y los ñoños eran ñoños.

Y entonces llegaron las terceras partes. X-Men: The Last Stand y Spider-Man III se sintieron como una gran carrera en la que al fin te lanzabas a un pozo al que no querías caer.

Eso, aunque no lo crean, duele, duele mucho. Decepciona a los fans del cine Y de los cómics. Como si nuestra burbuja de perfección que nos han construido con la magia del cine y la tecnología digital nos diera un golpe en el estómago muy claro: si no hay buen guión, podemos seguir haciendo basura a tus héroes.

Yo no sólo soy un fan del cine moderno, sino, como se habrán dado cuenta, un fan de los cómics. Siempre viendo con dos lupas inquisitivas un género y otro, viendo en dónde se cruzan, en donde se copian de la peor manera y otras donde se aman y entrelazan para crear joyas como Sin City.

Cuando se anunció que un director llamado Christopher Nolan intentaría una película sobre Batman con la ayuda de un escritor llamado David Goyer. Fue una noticia importante, más cuando se habló de “reiniciar la saga”. Muchos nos alegramos, con cautela, pues la última vez que habíamos tenido a alguien actuando a Batman, unos cerdos nos dieron porquerías como “Bati-pezones” y a un maldito George Clooney actuando a un “Batman gay” porque “para mí Batman siempre ha sido gay” dijo el actor.

Lo que obtuvimos de la productora Legendary Pictures con Batman Begins fue una excelente película, con grandes actuaciones y caracterizaciones, pero, sobretodo, hablaba del miedo; era un tratado sobre superar el terror y la soledad usándolos para convertirnos en alguien.

Los fans aplaudimos, convertimos a Nolan en el Mesías que nos llevaría a la tierra prometida, la persona que sabía cómo enamorar al cine con la historieta de la forma más hermosa.

Había detalles, por supuesto. Pero no nos importó. Aún me emociona ver Batman Begins. Y cuando dijeron que había una segunda parte, hubo más emoción, pero también hubo miedo auspiciado por la maldita frase de “segundas partes no son buenas” que sabemos es muy posible.Imagen

Cuando supimos que el relativamente desconocido Heath Ledger interpretaría al peligroso Joker, nos detuvimos todos en la alegría a pensar si era una buena idea. El Joker era peligroso no sólo dentro del mundo de la historieta, sino que era un personaje que podría destruir todo lo que Nolan había creado con la primera película.

Los fans acudimos con miedo a ver The Dark Knight en la primera semana, pues deseábamos de una vez por todas comprobar si nuestro gurú nos había engañado con unas cuentas de vidrio prometiéndonos las estrellas. Gritamos de alegría –no en el cine, por supuesto- cuando descubrimos que el Joker de Ledger no hacía más que construir el gran reino en los cielos del matrimonio Cine & Cómic para los fieles seguidores.

Pronto se nos reveló que habría una tercera y última película. Al principio fue dicha pura. Pero conforme se acercaba la fecha de estreno y fotografías de la producción salieron al Internet, surgieron dudas. Y las dudas sólo traen miedo.

Miedo de padecer otro Batman y Robin; miedo de un villano ridículo como en Spider-Man 3; miedo de una historia incoherente y abrupta como X-Men: The Last Stand; miedo de que los enormes mitos que había construido se cayeran desde nuestras más altas expectativas, arruinando no solo The Dark Knight Rises, sino Batman Begins y The Dark Knight.

La tercera y última película del “Cruzado encapotado” se estrenó. Las críticas de cine la aclamaron. Los fans aplaudieron. Pero este insignificante fan decidió aplazar el consumo invadido por el miedo. El film por supuesto permaneció más tiempo en cartelera que el resto de las películas.

Y todo esto que han leído nos trae hasta estas líneas, pues hoy, lo que parece la última semana que permanecerá The Dark Knight Rises en cartelera, por lo menos en mi ciudad, fue el día en que me decidí a verla. Vencí mi miedo a ser defraudado y tratar de comprobar lo que las críticas habían dicho. Me lancé a una sala totalmente vacía para ver de una buena vez si “Batman III” era la obra que cerraba con broche de oro o destruía nuestro paraíso de una buena vez.

Quiero decirles, queridos lectores: lo es. Es una de las películas más hermosas y emocionantes que he podido ver. Tiene desde el inicio hasta los créditos un mar de adrenalina y suspenso que le provocan a los fans risas y taquicardia. La película por sí misma en fantástica; y a aquellos que leímos La Caída del Caballero Nocturno, saga del cómic en la que se basó esta cinta, es más deliciosa aún. Desde Peña Duro hasta la referencia de “si había cocodrilos en el drenaje”, guiñando el ojo a la batalla entre Bane y Killer Croc del cómic.

Confieso que temía que Joseph Gordon-Levitt usara una armadura negra con azul; acepto que esperaba ver a una Anne Hathaway encarnando a una horrible Catwoman. Pero nada de eso pasó. Nadie quedó a la sombra de ningún actor o personaje de historietas. Todos, y hablo de todos en la trilogía, fueron personajes excelentes construidos a partir de mitos del cómic, inyectados de vida por los medios del cine y elevados a leyenda por su propio peso gracias a guiones perfectos para la serie.

¿Fue una adaptación? Claro, ¿ignoró cosas del cómic? Sí, pero a favor de una historia perfectamente construida.

¿Qué más hay que considerar? El personaje de Catwoman pudo ser más grande, pero el gran misterio de quién es Selina es fiel a su contraparte del cómics, pues han existido tantas versiones de ella desde sus orígenes en 1940, que incluso el personaje de historieta usa ese misterio a su alrededor para confundir, junto con sus encantos femeninos, a aliados y enemigos.

¿Qué opino del Oficial/detective John Blake? Una excelente representación nueva de Dick Grayson. No una versión fiel pero sí realista de Dick Grayson, el primer compañero de Batman, Robin, incluso siendo éste parte del nombre de civil del personaje.

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Y hay muchos, muchos otros comentarios que escudriñar sobre el film, pero creo que mi punto ha quedado claro, reafirmado por el reciente alcance del film del Billón de dólares de ganancias en cartelera. Nolan sufrió a tal grado el mito de Batman que no desea hacer ninguna película relativa a los cómics de DC por ahora, mas que su Man of Steel actualmente en producción; que cambie de género hay que agradecérselo.

Bale debe aprovechar su fama conseguida con sudor para realizar acción, drama o incluso comedia, para desmarcarse del caballero nocturno.

Por si acaso, no he olvidado los films de Iron Man, Thor, Capitán América y los Avengers. Cada una creó más las expectativas y colaboró en la creación de la tierra prometida de los fans del cómic. Pero todas y cada una de ellas, le deben a Batman, así como Batman le debe a Sin City, Spider-Man y, sobretodo, a X-Men.

Bailemos, pues, todos sobre la tumba dorada de este Bruce Wayne.

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